Mostrando entradas con la etiqueta esperanza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta esperanza. Mostrar todas las entradas

miércoles, 2 de mayo de 2012

La lucha, entre globos y colores


Resulta difícil imaginarse, cuando empieza el show, qué cosas hay detrás de la sonrisa de un payaso. Hugo Villalba, más conocido como “el payaso Trompeta”, realiza tareas solidarias con espectáculos infantiles con el único fin de juntar el dinero para viajar a China y realizar el tratamiento que necesita Brian, su hijo de 8 años, quien sufre parálisis cerebral producto de mala praxis durante el parto.

“Dios me da fuerzas para luchar (…). Es curioso, a veces Dios le habla al payaso que soy y también en ese rol me da fuerzas. Todo lo que hago, lo hago por Brian”, confesó este padre que lucha por  la vida de su hijo entre medio de pelucas coloridas y narices rojas.

Los padres del niño, Hugo, de 40 años y Verónica Caballero, de 38, llevan adelante una campaña “a todo pulmón” para reunir cien mil dólares que les permitan mejorar las condiciones de vida de su hijo con un tratamiento en base al implante medular de células madres en una clínica de Beijing, China.

Dicha institución se ubica a más de 18.000 kilómetros de la clínica de Merlo (1), donde se llevó a cabo el parto y donde, además, hoy no queda registro alguno del error médico causante de los daños. Brian no figura en los papeles. Ni él ni la madre estuvieron, según los documentos, en el hospital en cuestión.

“Lo intentaron sacar con cucharas (fórceps) y volvieron a ingresarlo por el canal de parto. Al momento de venir al mundo, mi hijo nació con ´sufrimiento fetal’ y permaneció internado 11 días”
, explicó Verónica y agregó que al intentar demandar a la clínica de Merlo  “el litigio quedó en la nada”
. Se archiva una historia más al rejunte de casos de corrupción del partido de zona oeste de Buenos Aires.

Si bien los padres se reservaron dar a conocer el nombre del sanatorio responsable por miedo a sufrir embates legales, no bajaron los brazos y difundieron beneficios que el tratamiento puede generar en Brian. “Podrá manejar la sintonía fina en sus movimientos y perderá la rigidez postural que lo obliga a estar en una silla especial que lo contenga”, explicaron.

A pesar de los obstáculos que se presentaron, como la estafa del estudio de abogados que contrataron para llevar el caso, que no presentó papeles ante la justicia durante dos años, Hugo y Verónica se armaron de valor y fuerza. Para juntar fondos, además de los espectáculos callejeros, abrieron una cuenta solidaria en el Banco Provincia e incentivan  la recolección de tapas de plástico de gaseosa, actividad en la que varios de sus vecinos colaboran a diario. 
Beijing, tan lejana como se ve, no es un imposible. La clínica ya tiene todo preparado y solo espera la llegada de Brian y de su mamá. El dinero alcanzará para cubrir el tratamiento y los dos viajes que se necesitan hacer a China, pero además servirá para llenar de esperanza y vida a una familia que tiene un empuje y una actitud, por sobre todas las cosas, admirable.


¿Cómo ayudar?

En Facebook: Ayudemos a Brian
Por mail: payasotrompeta@hotmail.com
Depósitos en Banco Provincia. Sucursal 05098. Cuenta 5176280 (Villalba Brian Elías)
Transferencias: CBU 0140030/40350985176280/6


Comentarios de Autora


-El trabajo fue corregido por el profesor de Gráfica. Le agregué dos párrafos el medio porque quería hacer especial hincapié.
-El único artículo que encontré en diarios digitales que nombra algo de la clínica responsable fue http://www.lavozdejujuy.com.ar . En Jujuy te dicen la posta.

-El tema central, se sabe, no es la corrupción. Es Brian y su tratamiento; es el papá y la fuerza que tiene. Es muy claro. Pero no puede ser que la clínica se lave las manos. No puede ser que el médico que practicó la mala praxis salga impune de todo esto. Que camine tranquilo por la vida, ileso, respaldado por una justicia que NO EXISTE en Merlo. Media pila a los periodistas, hay que informar estas cosas.

Difundan.
Que se enteren todos.


Victoria Belén Bertonasco





(1)Localidad de la Provincia de Buenos Aires.

jueves, 15 de septiembre de 2011

La Noche de los Lápices



 
"Yo respondo por mi juramento,
que está basado en los últimos minutos
de convivencia.
Ellos me gritaban que no los olvide
y que los recuerde siempre."

Pablo Díaz, sobreviviente de 
La Noche de los Lápices(*)



Pablo Díaz se refirió a sus 6 compañeros que en 1975 apoyaron y participaron activamente de la campaña por el Boleto Escolar Secundario (BES) en la ciudad de la Plata y que el 16 de septiembre de 1976, por seguir sus ideales, fueron brutalmente secuestrados y torturados en el centro clandestino de Arana, en donde el terror y la muerte eran moneda corriente.

La irrupción violenta en la vida de estos jóvenes fue llevada a cabo por autoridades del ejército dirigidas por el general Ramón Camps, que estuvo a cargo de la Policía de la provincia de Buenos Aires
durante el golpe y que calificó a la tragedia de septiembre como lucha contra "el accionar subversivo en las escuelas".
 
María Claudia Falcone, Francisco Lopez Muntaner, Daniel Alberto Racero, María Clara Ciocchini, Claudio De Acha, Horacio Úngaro son los adolescentes de entre 16 y 18 años que militaban en la Unión Estudiantil Secundaria (UES) y que, al igual que Pablo Díaz, Gustavo Clotti, Emilce Moler y Patricia Miranda, de igual edad, fueron detenidos sin juicio previo durante noches de septiembre pero que no tuvieron la fortuna de 'vivir para contar' lo que se conoce como La Noche de los Lápices.

“Durante noches”, leyeron bien. Plural. Fue el 8 de septiembre cuando secuestraron a Gustavo; el 16 de septiembre cuando secuestraron a Claudia, "Panchito", Daniel, María Clara, Claudio y Horacio; el 17 cuando secuestraron a Emilce y Patricia Miranda, una estudiante que no tenía que ver con la  militancia, y por último, la noche del 21 de septiembre, cuando secuestraron a Pablo Díaz, que en ese entonces era un joven de 18 años.

Si bien los secuestros transcurrieron en fechas distintas, los adolescentes fueron considerados subversivos por la misma causa, fueron torturados de la misma manera y fueron presos de una misma noche opaca y fúnebre que ellos mismos avecinaban como perpetua.


María Claudia, de 16 años, era abanderada y estudiante de Bellas Artes y junto con María Clara, de 18, iban a ingresar a la Universidad del mencionado rubro; Patricia, de 17 años también asistía a la Escuela de Bellas Artes. Francisco, de 16, militaba en la UES de Bellas Artes al igual que Emilce, de 17 años. ¿Casualidad?
 
Los artistas tenían afición a la militancia. Emilce Moler, una de las sobrevivientes del atentado contra la humanidad, detalló: “Estaban los que no se enganchaban, pero a la edad que yo tenía, y en Bellas Artes donde todo era libertad, participación y solidaridad, era imposible no militar. La revolución parecía estar ahí nomás. Latinoamérica estallaba por todos lados. Teníamos los modelos socialistas de Chile y Cuba. Yo podía no saber en qué partido, pero que iba a participar no tenía ninguna duda.”

Pablo Díaz, que integraba la Juventud Guevarista del Partido Revolucionario de los Trabajadores, fue otro de los sobrevivientes. Luego de haber vivido el infierno en el centro de detención clandestino de Arana, fue trasladado hasta otro centro conocido como “El Pozo de Banfield”, en donde se reencontró, para su sorpresa, con los seis estudiantes y amigos secuestrados el 16 de septiembre, sin saber que los días que compartieron el cautiverio fueron las últimas ráfagas de vida que Pablo alcanzó a sentirles.

"Soy el único que salió con vida del Pozo de Banfield- declaró - el único que estaba con ellos cuando me dijeron que tenía un salvoconducto que me salvaba de la ejecución y que me trasladaban bajo la amenaza de no contar nunca lo que había vivido, de lo que había sido testigo. Sólo ellos me gritaban que no los olvide y que los recuerde siempre”


Lejos de pactar con el silencio, Pablo
- liberado recién en 1980 luego de estar durante casi 5 años bajo la disposición del PEN (Poder Ejecutivo Nacional)-  habló.
 
La desgarradora versión que el protagonista de tan vil secuestro, tuvo la posibilidad de transparentar gracias de su liberación, fue plasmada por María Seoane en el libro “La Noche de los Lápices” y luego llevada a la pantalla grande el 4 de septiembre de 1986 por el director Héctor Olivera. (**)

Gracias a testimonios como el de Pablo Díaz y Emilce Moler, mucho más se sabe sobre lo que los militares enorgullecidos llamaron Proceso de Reorganización Nacional que se gestó entre 1976 y 1983  y que fue el golpe de estado más sangriento de la historia argentina, caracterizado por innumerables crímenes de lesa humanidad que dejó un saldo de 30.000 desaparecidos y millones de espectadores paralizados y tantos otros acribillados del dolor que significó la pérdida de familiares y amigos.

Como procedentes de la generación que padeció un homicidio al sentido de la vida misma, como principales actores del presente, como personajes directos de la historia, creo que es indispensable y absolutamente necesario apropiarnos de los gritos agudos y penetrantes que escucharon los oídos de Pablo.

“¡No nos olvides!”, vociferaron con la última fuerza que les quedaba en los cuerpos flacos, en las manos secas y los pies descalzos. 
“¡No nos olvides!”, lloraron y uno casi puede sentir hoy, 35 años después, el dolor de esas palabras. De esas largas y escalofriantes palabras que 6 chicos de entre 14 y 18 años pronunciaron al unísono, cargando 236 adolescentes más a la par de ellos.

Este viernes se cumple otro aniversario de La Noche de los Lápices. Confío en que un minuto, o media tarde, o todo el día, o toda la vida, vamos a ser fieles a hacer justicia por esos años de silencio reprimido y a cumplir el último pero inmortal deseo que pidieron los detenidos desaparecidos. Confío en que vamos a preocuparnos y a ocuparnos de que no más (ya nunca jamás) vuelvan a suceder acontecimientos como la masacre iniciada en la madrugada del 16 de septiembre de 1976.

Victoria Belén

(*) junto con Gustavo Clotti, Emilce Moler y Patricia Miranda fueron los cuatro sobrevivientes de la noche que sigue haciendo historia.
(**)Nominada al Premio San Jorge de Oro en el Festival Internacional de Cine de Moscú en 1987. No dejen de verla.

viernes, 15 de julio de 2011

Inconfesión

a mis colegas estudiantes de periodismo y a todo lector con ganas de reflexionar

Voy a destinar unos renglones para explicar por qué no quiero llamar a este texto “confesión”.
Esta palabra está asociada al catolicismo, y “limpiarme” de pecados para recibir el “perdón divino” no es precisamente mi objetivo. Llorarle a alguien por arrepentirme de mis acciones para poder así “ir al paraíso” es algo que no creo en absoluto.

Es, a mi criterio, desatinado. Es un legendario mecanismo para imponernos más y más límites, para ‘amoldarnos’ y que nos guste esa horma de cristal ficticia. Varias palabras vienen aparejadas: conformismo, subordinación, temor, exigencias.

Claro que algunas personas encuentran refugio en la iglesia y en todo este tema de la confesión, y me parece bien si eso les saca una sonrisa. Una sonrisa, en algunos casos, no viene mal. Pero seamos concientes de dónde y cómo se origina. Hay un enceguecimiento masivo que no comparto y que la iglesia incentiva. Digo iglesia y no digo ‘curas’ porque más allá que muchos me parecen hipócritas, no meto a todos en la misma bolsa. Yendo al punto, sintetizo: no le creo a la iglesia. No voy a usar su palabra.

“Gente, he venido a inconfesarme.” A contar sobre las cosas que no me arrepiento de hacer ni de pensar. Libre. Muy libre. Infinitamente libre y feliz de poder expresar lo que se me pasa por la cabeza. Libre de poder equivocarme y que la vida me siga dando oportunidades para crecer un poco todos los días. Libre en esta realidad que es el hoy, el aquí y el ahora. Libre de reírme de mis errores, y libre de cambiarlos como yo quiera. Libre de actuar y dejarme llevar por lo que siento. LIBRE.

Respiramos una libertad que no todos tuvieron ni tienen. Tenemos educación, uno de los pilares básicos; tenemos criterio de opinión; tenemos acceso a la información; podemos recorrer kilómetros con un par de monedas en el tren o en colectivos; tenemos tanto más de lo que creemos tener…

¿Qué hacer con tanta libertad?

No autoesclavizarnos.

Como actuales actores sociales (actuales, NO futuros) tenemos que exprimir al máximo esa autonomía para poder realizar el cambio que muchos de nosotros buscamos. Salir (¡de una vez y para siempre!) del guión rígido del día común.
Para mi el verdadero cambio, el que nuestros ojos pueden ver, tocar y sentir, es aquel que parte de uno. Esto puede parecer “figurita repetida”. Cuántas veces habremos escuchado esa cursilería de que ‘el cambio empieza por uno’. Hasta Mambrú lo cantó. Pero saliendo del discurso vacío, vayamos a algo que nos llene.
Para generar conciencia de las cosas que pasan en el mundo, tenemos que ser PRIMERO concientes nosotros. Y eso no se consigue conformándonos con el estereotipo de día estudiantil: ir a la facultad, volver a nuestras casas, leer las noticias… putear las noticias, putear el noticiero, estudiar, comer, dormir ¿Va de nuevo?
No caigamos en el alineamiento. Y yendo más allá, no caigamos en el conformismo. Que no nos de plena satisfacción describir en 400 palabras el mundo que nos rodea, hagamos algo para cambiarlo o para incentivar las cosas que se hacen bien.

Esto se hace viviendo. Actuando. Arriesgando.

No tengamos miedo de un día tomarnos un colectivo a una escuela en una villa, hablar con algún profesor y preguntarle “¿qué pasa? ¿qué falta? ¿te puedo ayudar en algo desde mi lugar?”. No tengamos miedo de preguntarle a una mujer de un country cuál es su compromiso para con la sociedad. Y si nos dice ‘ninguno’, no ir a nuestras casas corriendo, desesperados, a escribir un ensayo sobre las mujeres “huecas” de los barrios privados. No. Así-no-habrá-cambio. Seamos astutos, involucrémonos con la mujer (en la medida que haya un mínimo interés) y mostrémosle ingeniosamente la cantidad de cosas que hay para hacer. Y si esa mujer entiende el mensaje que queremos transmitir, considerémonos exitosos.
Se que parecen ejemplos utópicos ¿Y qué? Un periodista y escritor Uruguayo se encargó de describir a la perfección qué es la utopía:

“Ella está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para que sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar." (Eduardo Galeano)

No seamos tan mansos (SI, dije mansos) de elegir quedarnos en nuestras casas antes de ir a una manifestación de algo que apoyamos. No seamos tan asquerosos de no involucrarnos con gente que no conocemos o que no ‘tienen pinta de’ pensar y ser como nosotros. Hay muchas historias que merecen ser contadas. Pero antes que eso, que merecen ser escuchadas, entendidas y analizadas.
Para contar las cosas, primero las tenemos que hacer carne. Así SI vamos a entender de lo que estamos hablando.

La experiencia no la vamos a encontrar en un apunte de la facultad. 
Salgamos a encontrarla.

La experiencia nos va a formar como profesionales pero, por sobre todas las cosas, nos va a formar como personas. Y como vamos a describir y a desarrollar temáticas sociales, me encantaría que sean personas las que los cuenten, y no máquinas de comercialización.

Involucrémonos.
Si decimos quiero, es casi instintivo que digamos puedo.
“Quiero” y “puedo”.
Me encantan esas palabras,
porque cuando esas palabras se juntan, nos volvemos invencibles.


Victoria Belén Bertonasco